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Los caballeros templarios (4ª parte). Estado Mayor del Temple

Estado Mayor del Temple

En tiempos de paz, los templarios formaban un pequeño ejército permanente de algunos millares de hombres, entre los que se contaban 500 caballeros y el doble de hermanos sargentos. En tiempos de guerra se añadían a ellos tropas contratadas a sueldo que habían sido reclutadas sobre la marcha, entre los que estaban los «cruzados a la fuerza», que eran los condenados a muerte que habían sido condenados y perdonados a partir a Tierra Santa.

Los caballeros y los sargentos obedecían a sus comendadores respectivos. El conjunto estaba regido por el maestre soberano y por su estado mayor que comprendía:

-El Senescal
-El Mariscal
-El Comendador del reino de Jerusalén
-Los Comendadores de Trípoli y Antioquía
-El Pañero
-El Turcoplier (al mando de los indígenas turcos)
-El Submariscal (hermano sargento)
-El Gonfalonero (hermano sargento)

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El Maestre

El maestre jamás llevaba el título de Gran Maestre del Temple. Por muy señor que fuera de sus templarios, permanecía sometido a las obligaciones y a las disciplinas comunes y, en principio, sólo era un hermano más mandado por la orden y responsable ante ella de sus decisiones.

Sólo tenía derecho a cuatro caballos, uno más que un simple caballero, pero como representaba al Temple y por este título asumía un cargo oficial que le colocaba al mismo nivel que los más altos prelados y príncipes, se le daba también un turcomano, caballo de buena casta, de gran belleza y valor.

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El séquito del maestre se componía de dos prohombres que le acompañaban a todos partes, de un hermano capellán, de un clérigo, de un hermano sargento y de un paje que llevaba su lanza y escudo. También disponía de un intérprete, de un indígena turco, de un cocinero y de dos muchachos a pie.

El maestre estaba obligado a morir al pie del cañón, muy a menudo con las armas en la mano y eso que disponía de diez caballeros de élite encargados de su protección.

El Senescal

Era el lugarteniente del maestre, También tenía un séquito personal compuesto por un hermano caballero, dos escuderos, un hermano sargento, un diácono, un indígena turco y un intérprete. Al igual que el maestre disponía de cuatro caballos, una tienda redonda y el sello de la orden. Cuando el maestre estaba ausente, el senescal, ejercía sus poderes y su derecho de control sobre las encomiendas. Iba a su lado el gonfalón o estandarte cuando cabalgaba, honor qe estaba reservado al maestre.

El Mariscal

Era el jefe militar y tenía poder sobre las armas, maquinas de asedio, las municiones, los jaeces y las guarniciones sobre los caballos. Era él quien movilizaba las fuerzas de la orden las distribuía en escuadrones y daba las órdenes tácticas. También era el que se encargaba de la compra de caballos y las mulas.

Como alto dignatario también disponía de un séquito personal con dos escuderos, un hermano sargento y un indígena turco; su tienda era redonda pero más pequeña que la del maestre y del senescal. Tenía como adjuntos al turcoplier, el submariscal y el gonfalonero.

El Comendador

El comendador, tanto de Jerusalén como de Trípoli y Antioquía, disponía de cuatro caballos y un palafrén, su séquito personal estaba compuesto por dos escuderos, un sargento, un indígena turco, un diácono, un intérprete y dos muchachos de a pie. El comendador del reino de Jerusalén era el tesorero supremo de la orden y ejercía el derecho de control sobre todas las encomiendas, tanto de Occidente como de Oriente, y controlaba las rentas. Presidía también la distribución de los hermanos en los castillos en tiempos de guerra, el mariscal por lo tanto debía de obedecerle.

El Turcopolier

Era un hermano sargento y mandaba a los hermanos sargentos y a los turcopolos (tropas auxiliares de indígenas turcos) tanto en tiempos de paz como de guerra, disponía de cuatro caballos y un turcomano igual que el maestre. Cuando se le enviaba en avanzadilla con una escolta de caballeros asumía la total responsabilidad de la misión y todos debían obedecerle, pero en presencia del mariscal sólo tenía mando sobre los escuadrones de turcopolos y los sargentos y ejecutar las órdenes recibidas. No tenía derecho a atacar, ni a lanzarse a la carga, ni a perseguir al enemigo por iniciativa propia.

El Submariscal

Hermano sargento. Era el jefe de los hermanos artesanos y el responsable de los arneses y guarniciones de los caballos. Repartía y hacía reparar las sillas de montar, los estribos, las bridas, las armas turcas, las ballestas y los cascos de hierro. Controlaba el trabajo de los talleres y de los hermanos de oficios o artesanos.

El Gonfalonero

Hermano sargento. Mandaba sobre los escuderos que servían a plazo fijo, pagaba sus soldadas, los repartía y mantenía la disciplina entre sus filas. En campaña los disponía en grupos de combate y durante la marcha precedía al gonfalón-palio que era llevado por un escudero.

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En tiempos de guerra, era un indígena turco quien portaba el estandarte blanco y negro con la cruz grabada. El gonfalonero llevaba un pendón con los colores de la orden enrollado en su lanza, que desplegaba en el momento de lanzarse a la carga.

La elección del maestre

Cuando un maestre fallece, ya sea en combate o no, de los 23 maestres que tuvo la Orden, 13 murieron con las armas en la mano lo que ya dice mucho de cómo eran estos hombres, es un instante capital para la Orden y la Orden no puede quedar sin mando. El poder está asegurado, según los Estatutos de la Orden, en el mariscal del Temple. Este reúne a los comendadores más notables y al capítulo, estos designan al gran comendador que ejercerá en lo sucesivo el papel del difunto maestre hasta la elección de un nuevo maestre. Tras ser designado el gran comendador, este formará un consejo para elegir el día de la elección.
El día de la elección, tras los maitines, el gran comendador agrupa a los prohombres del convento, pero no a la totalidad de los hermanos. Este capítulo restringido señalará a dos o tres hermanos de elevada reputación y los hará salir de la sala. Uno de ellos será elegido comendador de la elección. La regla exige: que ame a Dios, conozca varias lenguas, sea estimado por todos, busque la paz y la concordia y se mantenga al margen de las facciones. A continuación, el capítulo elige a otro caballero, que será su adjunto.

El comendador de la elección y su ayudante se dirigen a la capilla a rogar a Dios y pedirle consejo hasta que despunte el día. A partir de este momento no deben de hablar con nadie y nadie debe de dirigirles la palabra.

El gran comendador reúne al capítulo entero y exhorta a los hermanos que pidan la asistencia del Espíritu Santo para elegir un maestre. Después de los rezos, el gran comendador llama al comendador de la elección y su adjunto y les dice:»Gentiles hermanos, os conmino en nombre de Dios bajo peligro de perder vuestras almas y el paraíso, a que designéis a los electores que os asistirán. Os ruego que no los elijáis por favor, ni odio, ni amor, sino entre aquellos que deseen paz y concordia para la casa.»

El comendador de elección y su compañero se retiran a una habitación y eligen, de común acuerdo, a otros dos hermanos que se reúnan con ellos. Los cuatro hermanos eligen a otros dos, los seis hermanos eligen otros dos y así sucesivamente hasta llegar a doce, los doce hermanos eligen a un hermano capellán que será el decimotercero. Dicho capellán representará el papel de Jesucristo, y su principal tarea será mantener la concordia entre los electores. La regla exige que entre los electores debe de haber ocho caballeros y cuatro hermanos sargentos y recomienda que los electores sean de distintas nacionalidades.

Una vez cumplida esta formalidad, los electores se presentan ante el convento y ruegan al gran comendador y los hermanos presentes que recen a Dios por ellos, por que grande es la responsabilidad que les ha caído por suerte.

El gran comendador dice a los electores: «Gentiles hermanos, os conjuramos en nombre de Dios y de Nuestra Señora Santa María y en el nombre de Nuestro Señor San Pedro y en el de todos los santos y santas de Dios y en el de todos los hermanos, bajo pena de perder la gracia de Dios si no hiciereis lo que debiereis en esta elección, para que elijáis a aquel que os pareciere no sólo el más provechoso para la casa, sino también el de mayor renombre.»
El comendador de la elección responde: «Comendador y vosotros, gentiles hermanos, rogad por nos para que Dios nos aconseje.»

Los trece electores se retiran a otra sala que se cerrará con cerrojos y con gran secreto, como prescribe la regla, donde compararan los méritos de los dignatarios susceptibles de ser elegidos. Las opiniones sobre los candidatos hay que expresarlas con «mesura, dulcemente y en paz.» Cuando hay elegidos ya dos nombres, se somete a votación, el hermano elegido es el que saque la mayoría de votos. Es preferible elegir un templario que resida en Tierra Santa, pero se puede elegir alguien que resida en Occidente.

Pero suele pasar que los votos se reparten entre tres o cuatro candidatos y se pide al gran comendador que ruegue a Dios que los ilumine y los guie, es una manera de decir que existe desacuerdo. Se vuelven hacer votaciones y quien saque al mayor número de votos, independientemente de que haya tres o cuatro candidatos, será elegido nuevo maestre.

Si el maestre elegido se encuentra en Tierra Santa y estaba presente, este era el ceremonial a seguir; el comendador de la elección se presentaba ante el convento y declaraba:

-«Gentiles señores hermanos, dad gracias a Nuestro Señor Jesucristo, a Nuestra Señora Santa María y a todos los santos y santas de que nos hayamos puesto de acuerdo. Con la gracia de Dios y por mandato vuestro, hemos elegido al maestre del Temple. ¿Estáis satisfechos con nuestra elección?»

Se observa que al plantear la pregunta no ha precisado el nombre del elegido. Sin embargo los hermanos responden:

«Sí, en el nombre de Dios.»

A continuación, el comendador de elección se aproxima al gran comendador y le pregunta:

-«Comendador, si Dios y nosotros os hubiéramos elegido como maestre del Temple ¿prometerías todos los días de vuestra vida al convento y mantener los buenos usos y costumbres de la casa?»

-Comendador: «Sí, si esto complace a Dios.»

Esto no quiere decir que el gran comendador sea el elegido, ya que el comendador de la elección repetirá la misma pregunta a varios dignatarios y prohombres susceptibles de ser elegidos. Se trata del juramento previo. Entre los dignatarios y prohombres interrogados, efectivamente, se encuentra el futuro maestre pero es algo que él lo ignora.

El instante solemne es cuando el comendador de elección se dirige al elegido y le dice:

-«Hermano «X», en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, hemos elegido y os elegimos como maestre.»

Los hermanos capellanes entonaban el Te Deum Laudamus y los hermanos conducen al nuevo maestre a la capilla, presentando ante Jesús el nuevo maestre, y que según expresión de la época Dios ha otorgado su mando al maestre.

La regla recomienda a los electores no divulgar los incidentes y discusiones de su capítulo, ni los nombres de los hermanos desestimados, ni de sus partidarios, ni las razones que se han intercambiado, porque podría surgir «gran escándalo y aborrecimiento.»

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