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Los caballeros templarios (7ª parte). El fin del Temple

El último maestre. Jaques de Molay

En 1293 el Temple elije como maestre a Jaques de Molay. De Molay había profesado en el Temple en la encomienda de Beaune en 1267, de manos del visitador Hugo de Péraud. Cuando fue nombrado maestre del Temple tenía alrededor de 50 años y la situación de la Orden con las otras órdenes militares no era la mejor en ese momento.

Los hospitalarios poseían bienes considerables en la isla de Chipre, a falta de actividades militares podían continuar atendiendo los hospitales y heridos y recoger a los refugiados de Tierra Santa. Los teutónicos, antes de la caída de Acre, ya habían transferido el grueso de sus fuerzas a Prusia, donde experimentaron un gran desarrollo.

Los templarios, en cambio, estaban como extranjeros en Chipre, su vocación militar los hacía en ese momento inútiles. En 1.303 se intentó en vano volver a ocupar la isla de Tortosa para una eventual base de partida para la reconquista. Jaques de Molay tenía dos opciones, una era negociar con los hospitalarios y chipriotas la adquisición de dominios para levantar allí la casa madre y preparar una reconquista o regresar a Occidente. Prefirió regresar a Francia a la cabeza de un cortejo casi principesco que, sin duda, no era el más conveniente para un jefe militar derrotado.

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Jacques de Molay

La elección de este maestre por parte del Temple no fue la más acertada, Jaques de Molay demostró ser un hombre sin genio, sin la viveza y cualidades diplomáticas necesarias para la nueva situación, en su defensa hay que decir que le redime su final heroico y el comportamiento ejemplar que supo tener ante sus verdugos y el impulso de rebelión que se operó en él.

La fusión del Temple y el Hospital

La idea de una fusión entre las dos órdenes militares se había formulado antes de la caída de San Juan de Acre. Se la consideraba un medio para limar asperezas, unir rivalidades y coordinar esfuerzos en Tierra Santa. El proyecto fue debatido en el concilio de Lyon en el año 1.274 bajo el mandato del Papa Gregorio X, había sido retomado por Nicolás IV y Bonifacio VIII e iba a ser abandonado cuando Felipe el Hermoso lo planteó de nuevo a Clemente V. La gestión del rey de Francia tenía como pretexto la reconquista de los Santos Lugares siendo el objetivo real colocar las órdenes bajo el control de sus hijos o dicho de otro modo bajo su control, si esto ocurría la orden del Temple perdía su autonomía y hacía que la orden fuera sospechosa en los demás reinos de Europa de seguir las ordenes del rey y dada la situación política y militar de entonces, ningún reino de Europa estaría dispuesto a tener encomiendas templarias con fuerzas militares susceptibles de ser utilizadas para los intereses del rey de Francia.

Clemente V consultó la fusión a Jaques de Molay, la respuesta del maestre resultó ser de una mezquindad y pobreza de espíritu que prácticamente sentenció a la orden, porque el otro objetivo real de esta fusión era hacerse con las riquezas templarias y hospitalarias. A grandes rasgos la respuesta del maestre del Temple se resumía de este modo: Consideraba que el proyecto era poco honorable para dos órdenes tan antiguas y lo ve lleno de peligros para las almas, ya que el diablo no dejaría de avivar disputas. Como las fortunas de las dos órdenes eran desiguales el reparto sería injusto, y como las dos reglas eran diferentes, sería demasiado duro obligar a cambiar las costumbres a los hermanos. Además, los pobres no ganarían nada con ello, sino que correrían el riesgo de perder el alimento que les distribuían los templarios. No se podía dejar que coexistieran dos encomiendas en una misma ciudad. De esto se deduce una reducción del número de comendadores, nueva fuente de graves disputas. Se pretende que la unión de las dos órdenes tendría que poner fin a su frivolidad, pero más bien serviría para causar grave trastorno en Tierra Santa. Según él, si esta rivalidad no hubiera existido, los templarios y los hospitalarios no habrían tenido que realizar grandes esfuerzos económicos y humanos. También que sería más fácil defender los derechos y los bienes en caso de impugnación. Resumiendo, la única ventaja que veía en la fusión era la disminución de gastos, una pobre argumentación, como si Tierra Santa perteneciera a los cristianos y las órdenes militares tuvieran que seguir escoltando peregrinos.

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Templario y Hospitalario

Jaques de Molay creía que iba a regresar a Tierra Santa y que iba a recuperar sus castillos, lo cual demuestra que carecía de esa visión política y diplomática que le hacía falta a la Orden, a partir de ese momento lo único que se tenía que preguntar el empleo que debería dar a sus soldados y las riquezas del Temple y sin embargo se perdía en los detalles eludiendo lo esencial, salvo una nueva cruzada, el Temple estaba perdido.

El fin del Temple. Preparando la trampa

En el cónclave de Pérouse, un templario expulsado de la orden profirió espantosas acusaciones contra el Temple, Esquieu de Florian, había comenzado por informar de estas acusaciones a Jaime II de Aragón, el cual no le hizo caso. Pero en cambio, Felipe el Hermoso, le escuchó complaciente, comprendió al instante el partido que podía sacar de tales acusaciones si se les confería una apariencia de verdad, porque ni el mismo rey de Francia se creía tales acusaciones. Los juristas de su consejo, entre los que se encontraba Guillermo de Nogaret y Enguerrand de Marigny, se encargaron de buscar testigos de la clase de Esquieu de Florian. Y los encontraron entre los que habían sido expulsados de la Orden por sus crímenes y faltas. El rey comunicó al Papa Clemente V dichas informaciones, el Papa se dio cuenta al instante que dichas afirmaciones mentían, pero como le debía el papado al rey prefirió que los sucesos siguieran su curso.

El 24 de agosto de 1.307, Clemente V abrió una investigación y le pidió al rey ciertas precisiones, Clemente V trataba de escurrir el bulto, ya que si dicha investigación se abría el proceso duraría mucho tiempo y, las riquezas del Temple se escaparían, también temía que la investigación hiciera que el Temple se subordinara más al Papa y hacer que el papado tuviera un ejército bajo su control. Felipe IV no quería que Clemente V escapara bajo su control.

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Felipe el Hermoso

Las «pruebas» que habían aportado al rey eran jurídicamente irrevocables y permitían emprender la disolución del Temple sin demasiados riesgos, aunque atacar al Temple no dejaba de ser algo peligroso en el contexto político de la época, hacía falta una audacia poco común y una falta total de escrúpulos.

Los legisladores del consejo real estudiaron el procedimiento que había que adoptar a partir de las acusaciones de Esquieu de Florian y otros como él. Con sutil habilidad consiguieron dar un contexto jurídico a las acusaciones pero entonces el Gran Canciller de Francia, archiduque Gilles Acelin, decidió dimitir de su cargo debido a los escrúpulos que sentía de semejante traición a los templarios que, siempre habían ayudado a los reyes de Francia.
Guillermo de Nogaret consideró su deber sustituirle, a partir de ese momento nada se oponía a la orden de arresto. El contexto jurídico era más o menos que: el rey al actuar así, no estaba suplantando la autoridad de la Iglesia y del Papa, simplemente se estaban adelantando a ella por prudencia y celo religioso, pretendían que los templarios al sentirse amenazados, se disponía a huir llevándose los tesoros, tanto los suyos como los del rey. Para darle un toque eclesiástico y legal al asunto, era un inquisidor el encargado de la investigación previa y del arresto, Guillermo de París, de este modo el rey actuaba como brazo secular de la Iglesia y lugarteniente del inquisidor. Pero Guillermo de París era el capellán privado del rey.

La verdadera razón

Aunque la opinión general no fuera tan favorable al Temple como años anteriores, todavía se recordaba con admiración el final de Guillermo de Beaujeu y los templarios de Acre. El pueblo también se preguntaba si los príncipes europeos y la Iglesia habían hecho lo suficiente para salvar Tierra Santa. El rey quería las riquezas del Temple pero antes había que desviar la atención de Tierra Santa y centrarla sobre el Temple. Así que o el Temple se ponía bajo el control del rey mediante algún subterfugio jurídico o destruirla en la medida de lo posible la Orden y apropiarse de sus riquezas.

El autoritarismo del rey se incrementaba por su codicia, multiplicaba sus agentes pero no tenía dinero para pagarlos. La falta de dinero le había llevado a expoliar a los judíos y a los lombardos y a devaluar la moneda varias veces, esta devaluación de la moneda es la pista para conocer el destino del famoso tesoro templario.

Cuando Felipe IV llega al trono en 1286 se encuentra con que debe al Temple unas 100.000 libras aproximadamente, tras varias negociaciones y gestiones económicas, consigue reducir la deuda a 53.000 libras. La libra tornesa entonces tenía una cantidad aproximada de 4 gramos de plata, por lo que Felipe IV, decidió reacuñar las monedas en circulación para conseguir la plata, el total de reacuñaciones que hizo sobre la libra tornesa fue de 15 veces, esto provocaba que la libra tornesa perdiera su valor real pero no el valor nominal, cuando acabaron las reacuñaciones la cantidad total de plata en una libra tornesa era de 1,35 gramos. Para que el valor nominal fuera equivalente al valor real de la libra tornesa necesitaba la cantidad de 105.000 toneladas de plata, procedió entonces con la expropiación de los bienes judíos y lombardos, consiguiendo la cantidad de entre 15 y 16 toneladas de plata, aún le faltaban unas 90 toneladas de plata.

Para saber a cuánto ascendía la cantidad del tesoro templario hay que saber cuánto dinero producían las encomiendas o mejor dicho, cuanta plata se producía, al ser el valor de la plata algo similar al dólar o el euro actuales.

Se estima que las encomiendas no militares del Temple, es decir las encomiendas de Occidente, producían unos ingresos anuales de en torno a 197.245 libras tornesas de tiempos de San Luis, o unos 15.928 kilogramos de plata. Resulta que la fuente del tesoro templario reside en el excedente que los envíos de dinero desde Europa a Oriente suponían sobre los gastos militares del Temple durante el S XII. Se estima que el importe de dichos envíos estaba en torno a 65.748 libras tornesas al año, o 5.309 kilos de plata. También se estima que los gastos militares del Temple no debían sobrepasar las 32.837 libras tornesas o 2.652 kilos de plata. De esta forma, en circunstancias normales, el Temple era capaz de acumular 23.636 libras tornesas al año, lo que equivale a 1.907 kilos de plata.

En definitiva, del monto total de plata producida, un tercio se enviaba a Oriente para gastos militares y mantenimiento y, de esos gastos se tiene un superávit de 1.900 Kg. de plata.

Libra tornesa

Libra Tornesa

La actividad bancaria y su especialización en ese campo es lo que caracteriza al Temple. Los contables de la Orden igualaban a los banqueros lombardos en conocimientos, por otra parte desde tiempos de Felipe Augusto el Temple conservaba el tesoro real, es decir el importe de los ingresos por impuestos. Este papel de guardianes del tesoro evolucionó rápidamente de forma que el tesorero del Temple se convirtió en un gestor de los fondos del Estado y a formar parte del consejo. Finalmente una clientela cada vez más numerosa confiaba al Temple depósitos importantes. La originalidad de los templarios fue la de crear una especie de cheques de viaje, proporcionando una movilidad y posibilidades al dinero que aún no tenía. Al disponer de cantidades considerables de dinero, el Temple estaba en posición de conceder préstamos en los que se pedía como aval una propiedad cuyo valor fuera equivalente a la cantidad pedida. En caso de que no se pudiera pagar el préstamo, el Temple se hacía con el control de la propiedad.

La riqueza del Temple se basaba más en propiedades que en oro, plata, joyas u “objetos mágicos», pero sin embargo, sí que había un tesoro físico, la cantidad aproximada de plata que tenía el Temple en el momento de su arresto oscilaba entre las 90 y 100 toneladas de plata. Justo la cantidad que necesitaba Felipe IV el Hermoso.

En 1.286 la libra tornesa contiene aproximadamente 4 gramos de plata, al final de las reacuñaciones que fue en el 1.303, la libra tornesa contenía 1,35 gramos de plata pero en 1.308, después del apresamiento del Temple, la libra tornesa vuelve a tener una cantidad de plata muy próxima a los valores de 1.286. Por lo que no hace falta preguntarse de dónde sacó Felipe el Hermoso las aproximadamente 90 toneladas que le faltaban para recuperar la moneda.

En julio de 1.307, el príncipe de Gales Eduardo II necesitado de dinero, asaltó el Temple de Londres y se apoderó de su tesoro que ascendía a unas 50.000 libras esterlinas, por lo tanto arrebatar al Temple de sus riquezas ya tenía un precedente, así que necesitaba un contexto jurídico que le permitiera apoderarse del tesoro del Temple.

La orden de arresto

La orden de arresto, fechada el 14 de septiembre de 1.307 en la abadía de Maubuisson, tiene dos partes: una requisitoria y una instrucción.

La requisitoria, que se puede catalogar como monumento a la hipocresía, comienza así:

«Gracias al informe de varias personas dignas de fe. Una cosa amarga, una cosa deplorable, una cosa que seguramente horroriza pensar y aterroriza escuchar, un crimen execrable, una execrable fechoría, un acto abominable, una espantosa infamia, una cosa completamente inhumana o más bien ajena a toda humanidad, ha golpeado nuestros oídos, conmoviéndonos con gran estupor y haciéndonos temblar con violento horror; y, al sopesar su gravedad un inmenso dolor va creciendo en nosotros, más cruel todavía desde el momento en que no cabe duda que la enormidad del crimen desborda hasta convertirse en una ofensa para la Majestad Divina, una vergüenza para la humanidad, un pernicioso ejemplo de mal y un escándalo universal.

Hemos sabido poco ha, gracias al informe que nos han hecho personas dignas de fe, que los hermanos de la milicia del Temple, ocultando al lobo bajo la apariencia de cordero, y bajo el hábito de la Orden, insultando miserablemente a la religión nuestra fe, crucificando una vez más en nuestros días a Nuestro Señor Jesucristo, ya crucificado para la redención del género humano, y colmándole de injurias más graves de las que sufrió en la cruz, cuando ingresan en la Orden y profesan, se les presenta su imagen y ,horrible crueldad, le escupen tres veces al rostro; a continuación de lo cual, despojados de los vestidos que llevaban en la vida seglar, desnudos, son llevados ante presencia del que los recibe o su sustituto y son besados por él conforme al odioso rito de su Orden, primero en la parte baja de la espina dorsal, segunda en el ombligo y por último en la boca para vergüenza de la dignidad humana. Y después de haber ofendido a la ley divina por caminos tan abominables y actos tan detestables, se obliga por el voto profesado y sin temor a ofender a la ley humana a entregarse el uno al otro sin negarse, desde el momento en que sea requerido para ello, por el vicio del efecto de un horrible y espantoso concubinato. Por eso la cólera de Dios se abate sobre estos hijos de la infidelidad. Esta gente inmunda ha renunciado a la fuente del agua viva, reemplazando su gloria por la estatua del becerro de oro e inmolando a los ídolos.”

En aquella época impregnada de pensamiento religioso era mucho más de lo que se necesitaba para ir a la hoguera, pero la acusación era tan increíble que, el rey, tomó algunas «precauciones» que sin duda servirían para condenar más a los templarios y, por supuesto, hacerse con sus riquezas.

Dichas «precauciones» consistían en cartas dirigidas al Papa Clemente V «dudando» de la veracidad de los rumores y que él creía que se debían a «fruto de la envidia lívida, del aguijón del odio y de la avaricia más que el fervor de la fe, del celo por la justicia o el sentimiento de caridad», el «buen rey», se mostraba por tanto abierto, debido a sus «dudas», a la opinión de Clemente V mientras proseguía la investigación, pero cuanto más avanzaba la investigación, mayores abominaciones se iban descubriendo. Ante estas «pruebas», el rey no tenía elección y como hijo mayor de la Iglesia actuaba en consecuencia.

La segunda parte de la orden de arresto, la instrucción, se dirigía a los comisarios, los bailes y senescales, detallándoles los pasos a seguir contra los templarios, en esta instrucción se puede notar el aura de secretismo que rodeó a la orden de arresto y el porqué los templarios fueron arrestados sin oponer resistencia y por sorpresa, principalmente porque tenían prohibido levantar su arma contra un cristiano.

En primer lugar, incumbía a los comisarios, comisarios seleccionados con todo cuidado previamente, debían realizar una investigación discreta sobre los templarios en sus jurisdicciones fingiendo ampliarla a otras órdenes religiosas bajo pretexto de la recaudación del diezmo, un impuesto decretado en 1.307.

A continuación, el senescal o el baile designará hombres de confianza de acuerdo con el número de casas y granjas templarias, designaban para ellos hombres de reputada confianza al abrigo de toda sospecha, caballeros, regidores y consejeros, y sólo en el último momento se les diría la tarea que el rey les confiaba en nombre del Papa y de la Iglesia.

Una vez arrestados todos los templarios se hará inventario de todos los bienes muebles que encuentren en la encomienda, luego se encargará a personas honestas y ricas de la región para que cultiven y siembren los cultivos de la encomienda.

Y por último, se escoltará a los templarios con una buena y segura guardia y se procederá a su interrogatorio, las confesiones se obtendrán, si es preciso bajo tortura. Todo esto permitido por el Papa a través de la bula Pastoralis Praeminentiae, en la que se llamaba al rey de Francia “defensor de la fe y verdadero hijo de la Iglesia” y ordenaba que se investigará a la Orden en toda la cristiandad.

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Arresto Templario

A continuación se enumeraban los artículos sobre el «error» de los templarios, es decir las acusaciones, y se ordenaba a los comisarios que sólo enviaran las declaraciones de los que confesaran los «errores» de los templarios, dicho de otro modo, que los comisarios del rey sólo debían consignar las confesiones orientadas a la dirección que tenía que tomar el proceso, las negaciones de las acusaciones debían excluirse.

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Los «errores» templarios eran:

  • Negación de Jesucristo.
  • Escupir en la cruz.
  • Besos obscenos.
  • Sodomía.
  • Confesión de pecados, aunque esta acusación se debe a un malentendido referido a los Capítulos Semanales, los capítulos semanales se hacían para confesar las faltas cometidas en contra de la regla que regía la Orden, las faltas o pecados de carácter espiritual sólo las podía perdonar un sacerdote, en el caso templario, el hermano capellán.
  • Adoración de ídolos (el baphomet).

Viernes 13 de octubre de 1307

Lo realmente sorprendente de la operación realizada contra los templarios, es que además de que se lograra apresar a los principales dirigentes de la Orden, es que dicha operación se llevara en el más absoluto de los secretos y más teniendo en cuenta los medios de la época, los comisarios, los senescales, los bailes y las gentes seleccionadas para la vigilancia de los templarios llevaron el asunto de una forma admirable, en su sentido policial se supone.

Al alba del viernes 13, las tropas del rey cercaban el Temple en París y pequeños ejércitos se ponían en marcha por toda Francia y cercaban las encomiendas para impedir cualquier huida. Los templarios no opusieron ninguna resistencia por dos motivos: se llamaba a la puerta en nombre del rey y no se tenía nada que temer de las tropas del rey y, por otra parte, la regla les prohibía formalmente esgrimir arma alguna contra un cristiano; además este era un caso que provocaba la expulsión de la orden fueran las circunstancias que fueran, es decir el templario que hería a un cristiano aunque fuera en defensa propia, el resultado era la expulsión. Además no hubieran podido defenderse aunque hubieran querido, las encomiendas estaban diseminadas por el campo, aisladas de cualquier contacto. La élite de caballeros había caído en combate durante los acontecimientos de Tierra Santa y sólo quedaban los hermanos ya ancianos, hermanos muy jóvenes o los hermanos agricultores que aunque ostentaban el cargo de comendadores, realmente tenían el rango de sargento en la Orden. El Temple únicamente constituía una fuerza militar si reunía todas sus fuerzas dispersadas por todo el territorio francés.

Tras 6 largos años de procesos, torturas, bulas y edictos, el 18 de marzo de 1314, el antiguo maestre Jaques de Molay y Godofredo de Charney eran condenados a morir en la hoguera por relapsos y retractarse de sus declaraciones con las que humillaron aún más a la Orden. La sentencia se ejecutó en un pequeño islote ya desaparecido en el Sena.

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Ejecución de Jaques de Molay el viernes 13 de Octubre de 1307

¿Qué ocurrió con los templarios al finalizar el proceso? Muchos murieron en los calabozos, otros buscaron refugio en órdenes religiosas favorables al Temple como los cistercienses, unos pocos esperaron inútilmente el llamamiento de una nueva cruzada para alistarse como caballeros, otros acabaron sus días de regreso con sus familias. Muy pocos aceptaron convertirse en hospitalarios.

En el resto de Europa no se siguió ningún proceso criminal contra los templarios. Nadie sospechó de ellos en Inglaterra, Alemania, España, Portugal. El rey de Inglaterra otorgó una pensión a los templarios y les permitió permanecer en sus encomiendas; los templarios españoles se integraron en las órdenes de Montesa y Calatrava aunque hubo templarios que se encastillaron en sus fortalezas, por su parte el rey Dinis de Portugal les mantuvo íntegramente y les devolvió el antiguo apelativo de Caballeros de Cristo.

Rey Dinis I de Portugal

Rey Dinis I de Portugal

Su precepto de caballería que enseñaban a los caballeros jóvenes decía:

«Que mantenga con coraje su profesión día y noche y se pueda comparar con el más sabio de todos los profetas que dice: apuraré el cáliz de salvación y vengaré la muerte de Jesucristo con mi muerte. Porque al igual que Jesús ofreció su cuerpo por mí, yo estoy dispuesto a ofrecer mi alma por mis hermanos. Es éste el sacrificio que complace a Dios.»

Así eran los templarios.

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