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La guerra psicológica. Descripción y método.

El fin de la guerra psicológica contra una potencia enemiga es reducir a esta potencia a un estado en el que ya no pueda combatir. El objetivo de la propaganda subversiva, sabotajes, y resto de operaciones que abarquen el aspecto psicológico es hacer creer que son compatriotas suyos los que se dirigen a compatriotas aparentemente desde su país, al contrario de la propaganda de la  I Guerra Mundial , de la BBC y de las octavillas lanzadas por la RAF, en las que Gran Bretaña se dirige a Alemania desde fuera durante la II Guerra Mundial o el resto de conflictos acaecidos hasta la actualidad.

La naturaleza limitada de los medios de los que se disponen para este trabajo en el interior de una nación enemiga  obliga a centrarse en los rumores, en el tipo de asuntos que con más probabilidad atrapen la imaginación del ciudadano común y corriente y que corran de boca en boca. Estos rumores deberán tener lo que se llama «valor operacional», es decir, el que obliga a la gente a creer o actuar de la forma que más daño haga al esfuerzo bélico del enemigo. Se alientan estos rumores mediante agentes que operen en zona controlada por el enemigo, emisoras clandestinas y material impreso difundido dentro del país objetivo del ataque.
El material impreso abarca dos categorías: octavillas que simulan ser documentos oficiales auténticos o publicaciones comerciales, y aquellas que parecen provenir de organizaciones clandestinas. La redacción de estas tienen que dar autoridad al mensaje o al fragmento de información que se quiere divulgar. Los mensajes aunque se dirigen a sectores concretos de la ciudadanía, deben buscan interesar a todos los sectores de la población. Sin embargo, para aumentar su credibilidad y dotarlos con la autoridad de una fuente fiable se finge, en muchos casos, que provienen y se dirigen a ciertos grupos de la población. Por ejemplo, las octavillas y emisiones católicas dirigidas abiertamente a los católicos de un país, o incluso a los feligreses de alguna diócesis concreta tienen, de hecho, como objetivo a todo aquel que las recoja y las lea. Sea o no católico, las verá como una prueba de la existencia de una organización católica secreta capaz de imprimir sus propias octavillas y tenderá a dar crédito, gracias a la autoridad de la Iglesia católica, a la información recibida en relación. Las publicaciones y emisiones  astrológicas se conciben para proporcionar pruebas al lector escéptico que sus dirigentes políticos son ardientes seguidores de la astrología y que se guían por las supersticiones antes que por la razón.
Tráfico y su bola de cristal para conocer el número de multas de tráfico a imponer
De la misma manera,  los documentos «oficiales»  buscan proporcionar al lector pruebas de situaciones que socaven su estado de ánimo, lo que estimulará las charlas desmoralizantes incluso entre aquellos que, de hecho, no hayan leído la octavilla que, por ejemplo, dice que los trabajadores extranjeros están propagando enfermedades venéreas entre las mujeres, o a la que cuenta que a los prisioneros de guerra propios se les entregan tierras y una vida mejor en el país del cual ha sido prisionero. Y esto tiene que ser cierto porque el alto mando militar enemigo así lo dice. Al darle un formato oficial a una octavilla subversiva se consigue otroobjetivo: permitir que el que sea detenido leyéndola se defienda afirmando que la había considerado un documento auténtico. Esto es un método para camuflar las instrucciones de sabotaje, para fingir enfermedades, etc. Todas las presuntas publicaciones clandestinas de la oposición, ya aparenten provenir de ciudadanos de clase media, comunistas, socialistas, sindicalistas, oficiales del ejército, o de un médico preocupado por los efectos de la carestía de alimentos en la salud pública tienen un triple objetivo: proporcionar pruebas de una resistencia auténtica al gobierno enemigo; difundir información subversiva cuyos pretendidos autores puedan considerarse como una fuente autorizada, y propagar opiniones que ofrezcan a los ciudadanos de ese país pruebas de la creciente hostilidad hacia su gobierno, apoyen o no a ese gobierno.
Los rumores que se difundan se dirigen principalmente al egoísmo de la gente, y están forjados de tal forma que sí un civil cree en ellos este será llevado a pensar y a actuar de forma dañosa para el esfuerzo bélico propio, independientemente de si apoya al régimen o no. Mientras se apela a su interés propio o a su instinto de conservación, se llama al mismo tiempo a su instinto gregario, sugiriendo que «todos los que están en el ajo» hacen ciertas cosas como, por ejemplo, acaparar trigo preparándose para los precios más altos del año que viene, además, no importa si la octavilla ataca o alaba a los acaparadores, por que el objetivo de la cuestión es hacer entender esto: «los que están en el ajo» acaparan. Las octavillas o publicaciones deben  justificar dicho egoísmo, que daña el esfuerzo bélico enemigo basándose en argumentos patrióticos u otros ideales nacidos del más puro altruismo.
Por lo general, las campañas son de dos tipos: las dirigidas a todo el personal militar del frente y de los territorios ocupados, y a las gentes que viven en sus casas en la retaguardia, aunque en gran parte se corresponden y aplican a ambas. Se trata de provocar la angustia entre los soldados del frente sobre las condiciones de sus familias y hogares en la retaguardia e intranquilizar a estas sobre las condiciones del frente. Al mismo tiempo  se busca aumentar el derrotismo en amplios sectores de la población. Cuando se dirigen al personal militar se insiste  en el peligro al que están expuestos sus familias durante los ataques aéreos, las enfermedades y epidemias consecuencia de estos, a la mala salud en general, pérdida de atractivos femeninos, incapacidad para cuidar a los hijos y de los hogares, por culpa del llamamiento a filas y a la obligación de trabajar en la industria de guerra. Además, esta la influencia corruptora de los trabajadores extranjeros como estimulo para la infidelidad y la transmisión de enfermedades venéreas y otros padecimientos. Se debe insistir  en convertir en victimas a los soldados por culpa de los funcionarios del gobierno enemigo que se quedan en sus casas ocupando trabajos cómodos; los negocios de los soldados o se cierran o los burócratas se hacen cargo de ellos.
Se Intenta transmitir tanto a los soldados como a sus familias la sensación de estar quedándose aislados paulatinamente unos de otros, de que sus cartas quedan retenidas por los funcionarios y por los censores militares y que el único modo de luchar contra esto es camuflar las cartas dentro de los paquetes de comida y en otros envíos. Esta campaña tiene el resultado añadido de sobrecargar el sistema postal con correo extraordinario y a la censura en su trabajo. Esta situación lleva al ciudadano común y corriente a la oposición.
Los agentes de las operaciones psicológicas de guerra deben de escuchar sus emisoras, que informa sobre los daños de los ataques aéreos en las zonas residenciales, los medios de información del enemigo solo informará de los daños en zonas industriales minimizando el daño en sectores civiles. Es posible que el alto mando militar enemigo permita que los soldados cuyas casas han sido bombardeadas o sus familias han sido víctimas de los ataque aéreos tienen derecho a un permiso. Como no todos los soldados pueden conocer esta posible orden y otros derechos de los soldados, valiéndose de la información anterior se puede mostrar que se les impide deliberadamente beneficiarse del permiso o derecho que se les debe. De aquí  debe de nacer otro motivo de descontento que ayudará también en otra campaña que alentará a la deserción.
En una operación de este tipo se debe alentar a la deserción fomentando las preocupaciones sobre las familias en la retaguardia, advirtiendo al soldado de los peligros y horrores que le aguardan en el frente.  Se insinúa que ha habido muchos desertores con éxito a los que la policía y otras fuerzas de seguridad son incapaces de encontrar por que no disponen de agentes suficientes para mantener el orden y, además, que el gran número de trabajadores extranjeros que se suelen dar en economías de guerra proporciona una buena cobertura para los desertores, ya que debido a la falta de mano de obra, muchos empresarios contrataran a un tipo decente sin hacerle demasiadas preguntas. Con el fin de incitar la creencia en el éxito generalizado en las deserciones se envían a los parientes de los soldados que se saben que han muerto o han desaparecido en combate, noticias que sugieran que el soldado en cuestión formaba parte de un grupo de desertores que llegó a salvo a un país neutral y que ahora esperan a que termine la guerra para que las familias se reúnan de nuevo. Se proponen métodos para desertar narrando detalladamente historias de desertores con éxito.
Soldado soviético desertando

Soldado soviético desertando

Parecida a la campaña de deserción es la destinada a simular enfermedades tanto a las tropas como a los trabajadores. Su objetivo es también levantar entre los médicos la sospecha sobre dicha simulación moviéndolos a diagnosticar como simuladores a quienes padezcan enfermedades graves auténticas. Los medios principales son los folletos con instrucciones camufladas como las guías normales que cualquier soldado llevaría consigo normalmente. Además se debe enseñar los métodos seguros para fingir enfermedades y adiestrar al simulador para que responda correctamente a las preguntas del médico suspicaz.

De acuerdo con los mismos fundamentos psicológicos que sustentan el instinto de conservación, se dan instrucciones sobre sabotajes permitiendo que los miembros de las fuerzas armadas eludan sus deberes y escapen del peligro. Por ejemplo,  un manual para las tripulaciones de los carros de combate.  Este manual debe ofrecer información técnica a la tripulación de un vehículo sobre cómo provocar averías y les debe instruir en cómo disimular los sabotajes para que parezcan auténticos accidentes.

La principal idea para alentar la deserción es que esta o la rendición a las fuerzas propias es segura y útil.

El rumor como arma

Antes de la llegada de los medios de comunicación a nivel global, la gente tenía que confiar en las noticias que recibía de viva voz. Muchas veces los rumores o el llamado en argot «radio macuto» tienen casi una influencia tan grande en la opinión pública como la radio, la televisión o la prensa. Aún así, las redes sociales así como todo lo relacionado con internet, es un perfecto campo de batalla para sembrarlo de rumores, su símil sería como un campo de minas que va debilitando poco a poco al enemigo.

En los Estados Unidos, los investigadores recogieron casi mil rumores distintos que promovían el antisemitismo, la desconfianza en las fuerzas armadas con el fin de eludir el alistamiento y la oposición a la compra de bonos de guerra para financiar la contienda. El presidente Roosvelt tuvo que condenarlos en un programa especial de sus charlas radiofónicas semanales al pueblo estadounidense.

Los rumores de carácter bélico y con clara finalidad propagandística se les denominó «sibs», del latín sibillare, murmurar.

Rumor

Los rumores como cualquier otro elemento usado en la guerra, se crean con un propósito definido y concreto por ejemplo, hacer que mueva tropas hacia otro lugar, socavar la moral del pueblo, minar la confianza en sus dirigentes o confundir y engañar a los países neutrales amigos del enemigo. El rumor puede fundarse en la verdad pero en el momento que empieza a circular, se desprende su parte verídica debido a los añadidos conforme va circulando.
Los rumores forman parte de un plan político y estratégico para conseguir resultados concretos. Los rumores no deben ser extensos, deben de ser escuetos ya que conforme se propagan se perfeccionan, van dirigidos a un objetivo bien definido y no deben desvelar su origen, cuando un rumor trata sobre algún dirigente, los detalles lascivos aumentan su efectividad.

Los «sibs». Su origen

Los «sibs» los creaba el Comité de propaganda Clandestina (UPC) que pertenecía al SO-1 del servicio de apoyo a la Resistencia, los «sibs» de carácter militar se remitían a la Junta Interdepartamental de Seguridad (ISSB) y al Comité Conjunto de Inteligencia (JIC) para su aprobación. Tras la creación del PWE, organismo encargado de la propaganda tanto interior como exterior, el UPC, pasó a colaborar estrechamente con este organismo. Muchos de los «sibs» eran empleados a su vez por el SIS (Servicio Secreto británico) que se quejó de que no tenía suficientes agentes para manejar toda la información que le suministraban, los rumores eran más cuestión de cantidad que de calidad, inmediatamente Hugh Dalton jefe del PWE ordenó que se suprimieran el tercio de dichos rumores, algunos eran endebles e incluso infantiles, varios ejemplos, en 1940 el Daily Mail publicó el siguiente «sib»: El Gobierno británico había importado de Australia 200 tiburones «devoradores de hombres» y los había dejado en libertad en el Canal de la Mancha como medida contra la invasión de Inglaterra. Otro decía que Ribbentrop había ordenado al cardenal Innitzer de Viena que pidiera al Papa la canonización de la madre de Hitler.

«Sibs»

Un «sib» breve y puesto en circulación y que ha durado hasta nuestros días fue el que mayor éxito tuvo: «Los ingleses han desarrollado un método para prender fuego al mar». Las fuentes que lo propagaron fueron varias y pronto aparecieron testigos oculares que informaban de cuerpos abrasados, las bajas de una invasión alemana fracasada. Entre la Wehrmacht circulaban noticias de hospitales situados a lo largo del canal con unidades de quemados. La Kriegsmarine empezó a probar equipos ignífugos y ropa de amianto para sus tripulaciones. En una fecha tan tardía como las Navidades de 1944, entre unidades Waffen-SS, los veteranos comentaban que:» Los malditos ingleses habían repelido un intento de la Operación León Marino, prendiendo fuego al Canal de la Mancha».

Otro «sib» que se consideraba verídico tanto entre las fuerzas armadas alemanas como en la población civil, se refería a los altos dirigentes nazis, los cuales no estaban sujetos a las cartillas de racionamiento y que recibían «raciones diplomáticas» más generosas, o que los ministros y gobernadores de distritos que se van de las ciudades a vivir en sus residencias de campo, mientras que otros abandonan las ciudades y conducen varios kilómetros a lugares donde la probabilidad de sufrir bombardeos es menor y vuelven por la mañana.

El enfoque indirecto de algunos «sibs» se puede apreciar por ejemplo , en el «sib» Kinderlandverschikungslager KLV(campo de evacuación para niños),sobre la presunta alta tasa de mortalidad en los campos acondicionados para recoger a los niños evacuados de las zonas bombardeadas: «El doctor Conti, Reichsfuhrer del Colegio de Médicos, se felicita por la dedicación altruista que los oficiales del KLV de Wartheland han mostrado en su lucha contra la epidemia de difteria entre los niños que tienen a su cuidado. También ha expresado su contento por el éxito que han tenido al superar la falta de medicamentos y al reducir la muerte de los niños a una media de 60 niños a la semana».

Un rumor demoledor para la moral de la población civil y de los soldados en el frente con hijos.

Otro «sib» de carácter médico refería a la presunta sangre contaminada que se transfundía en los hospitales militares alemanes. El rumor era que la sangre se había extraído de prisioneros de guerra rusos y que gran parte de esta sangre estaba contaminada de enfermedades venéreas y otras infecciones bacterianas. Para ofrecer una apariencia de verdad se usaron nombres de médicos de los servicios de transfusión de sangre, elegidos entre los artículos de propaganda de la prensa alemana que ensalzaba dichos servicios.

La mayoría de los «sibs» eran bastantes sencillos:

-Ya no se ven gaviotas en el Mediterráneo. Todas han muerto por culpa de la gasolina vertida por los petroleros alemanes. Han sido hundidos cuando intentaba suministrársela a Rommel.

-La aviación británica armada con bombas incendiarias patrulla constantemente la costa de Libia.

-Inglaterra dispone de un «foco invisible» que ilumina un avión sin que su tripulación se dé cuenta.

-La piel de las mujeres que trabajan en la industria de guerra amarillea. Las jóvenes alemanas están perdiendo sus atractivos así como su capacidad para tener hijos.

-A los soldados gravemente heridos les están dando inyecciones letales para impedir que sean una carga para el Estado.

-Los barcos que llegan de Dinamarca desde la costa oriental del Báltico traen una enfermedad porcina que puede afectar a los humanos que coman carne de cerdo.

-Desde las ciudades destruidas en el oeste de Polonia se está propaganda el tifus.

-La inflación y la quiebra financiera están a la vuelta de la esquina.

-Hitler ha dado instrucciones a Goebbels para que no se haga más referencia alguna a que había sido cabo.

-Las SS están obligando a los soldados de la Wehrmacht a intercambiarse uniformes e identificaciones con ellos.

-Solo los oficiales que están seguros de ser ejecutados como criminales de guerra están al mando de las últimas defensas.

-Los trabajadores extranjeros están organizados en batallones militares dirigidos por paracaidistas británicos y estadounidenses. Están cortando las líneas de ferrocarril y las carreteras en la retaguardia de las tropas alemanas.

La redacción de algunos «sibs» era más complicada. Después de la Operación Chastise por parte de la RAF (el bombardeo de las presas del Rhur), se divulgó que su destrucción se debía a una organización secreta de trabajadores extranjeros en Alemania, los ataques aéreos de la RAF eran tan solo un camuflaje para permitir que los saboteadores hicieran su trabajo, claro está que a la RAF este rumor no le hacía mucha gracia pero el objetivo del rumor era que la Gestapo malgastara tiempo y recursos buscando una organización clandestina inexistente. Para mejorar la historia también se afirmaba que las inundaciones contaminarían las cosechas y que había que estar preparados para una epidemia de disentería seguida por una de tifus.

Otra trama más compleja rodeó el bombardeo del buque británico HMS Ark Royal. Al comienzo de la guerra, este buque fue atacado y un piloto alemán fue condecorado por hundirlo, sin embargo solo fue dañado. El problema era que el Ministerio de Propaganda alemán había dado la noticia a bombo y platillo y cuando el Ark Royal fue hundido de verdad, Goebbels tuvo un problema, ¿pasar por alto que habían hundido el Ark Royal? o ¿repetir la noticia de nuevo quedando como que habían mentido al pueblo alemán? El PWE salió en su ayuda con el siguiente «sib»:»Los dos hundimientos son auténticos y Gran Bretaña había violado el pacto anglo-alemán anterior a la guerra botando dos Ark Royal gemelos, la conclusión era para los alemanes que si había dos Ark Royal, también podía haber otros dos de los mejores navíos británicos.

HMS Ark Royal

HMS Ark Royal

No existe ningún archivo sobre el número total de los «sibs» creados, pero se calcula que sólo una de las emisoras preparadas para operaciones de guerra psicológica emitió unos 10.000.

La propagación del «sib» y por que funciona

Además de las emisoras de radio creadas para la confusión y socavar la moral del enemigo hubo otros canales de propagación de los rumores. De vez en cuando la RAF lanzaba octavillas, no era algo que se hiciera con frecuencia ya que no eran muy convincentes y más si se sabía que quien las había lanzado era la RAF.

Las octavillas eran mucho más convincentes cuando se recibían en sobres cerrados con sellos enviados desde la misma Alemania. Una octavilla recibida por correo, sólo lo podía mandar una organización alemana secreta en contra del gobierno y por lo tanto es muy posible que diga la verdad. Había dos redes de agentes en Alemania, una era del SIS pero utilizaba poco este método, la otra era de la Resistencia que era la que principalmente se encargaba de la distribución de estas octavillas con rumores por correo.

Había agentes en puertos y aeropuertos que charlaban con los pasajeros y marineros a punto de embarcar, agentes relacionados con pensiones y clubes de marinos de países neutrales, otros con amistades con políticos, diplomáticos y periodistas de países neutrales, naturalmente los miembros de las legaciones británicas en países neutrales también se encargaban de propagar estos rumores. Y por supuesto los bares, llenos de agentes neutrales, amigos y enemigos.

Había que elegir con cuidado los canales para difundir algún «sib» concreto. El mismo rumor que llegará simultáneamente desde fuentes diferentes debía tomarse con precaución, por ejemplo, ¿debía el Ministerio de Asuntos Exteriores recibir la misma información desde Madrid, Buenos Aires y Estocolmo a la vez? Se trataba de que tuviera algunas pequeñas coincidencias, de que quien recibiera toda esa información sacara sus conclusiones, conclusiones que el SOE (Organismo para el apoyo a la Resistencia) y el PWE querían que sacara.

Poca gente se puede resistir a la tentación de pasar por alto las malas noticias. A muchísimas personas les encanta conocer los detalles más escabrosos de sus dirigentes locales o nacionales, y prácticamente nadie puede escapar a la perspectiva de tener una información secreta o poco conocida y, una vez en su poder, para darse importancia contársela a otros.

Por supuesto un rumor con éxito debe de ser lo bastante escandaloso e inquietante para que pase de boca en boca, y lo suficientemente creíble para poder ocultar el hecho de que es una invención.

El agente que dejaba caer un buen «sib», en cuestión de días tenía cientos de personas trabajaban inconscientemente para él.

rumor funcionamiento

Esquema de funcionamiento de un rumor

Toda esta información de los objetivos principales de una operación de guerra psicológica, son totalmente actuales y siguen funcionando en diversas operaciones de tipo psicológico para socavar el poder de una potencia enemiga.

 

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