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El Cantón Murciano: La Rebelión De Cartagena 1873-1874 (Segunda Parte)

El 28 de Julio zarpa una gran expedición de Cartagena. La dirige el general Contreras, al mando de las fragatas Almansa y Vitoria, con una compañía del regimiento Iberia y otra de los cazadores de Mendigorría. Contreras, oficial de infantería, elige la Almansa como buque insignia, más marinera que la Vitoria, pero construida de madera y sin blindaje. Un buque muy inferior a su compañera. Según afirmará, lo hizo en un arranque de gallardía, rechazando la seguridad del blindaje de la Vitoria. Una decisión valiente pero poco meditada y que luego habrá de lamentar amargamente.

El Almansa

El Almansa

Las autoridades cantonales dan todo tipo de seguridades a los cónsules de las “potencias”, por lo que la pequeña flota internacional que está atracada a la entrada de Cartagena no obstaculiza la salida.

Sin embargo, la Friedrich Carl, que vigilaba a la altura de Escombreras, sigue a la flota cantonal en su periplo.

La expedición tiene por objetivo apoyar a los federales en Andalucía, una región que ha sido la más pródiga en levantamientos cantonales tras el Levante. Precisamente por eso,  confían en que la presencia de una nutrida fuerza militar permita a los radicales locales hacerse con el poder. Nunca debemos perder de vista que el objetivo de las autoridades del cantón murciano no es otro que imponer la revolución desde “abajo” en todo el territorio nacional.

El 29 la flota está ante Almería, y realiza la habitual lista de exigencias: Entrega de todos los fondos en efectivo de los que dispongan las autoridades, salida de las fuerzas gubernamentales y cesión de todo el poder a los federalistas locales. Como no logra ninguno de sus objetivos, Contreras ordena artillar varios botes y amenaza con bombardear la ciudad si no se cumplen sus exigencias. Ante la negativa de las autoridades, termina cumpliendo su amenaza abriendo fuego sobre diversos edificios públicos que afirma tener bien localizados. Interrumpe luego el fuego, reclamando parlamentarios con los que negociar. Pero su solicitud de tregua solo obtiene como respuesta el izado de una bandera negra desde la fortaleza, el pabellón que declara la intención de combatir hasta la muerte. Merece la pena señalar que al no disponer de una bandera negra, un voluntario consiguió el mantón negro de una dama de la localidad que cumplió tal función. Dicha bandera de ocasión fue destrozada por un disparo de fortuna de la Almansa, por lo que la dueña de la misma fue indemnizada a posteriori por su pérdida.

Esta resistencia  hace ordenar un nuevo bombardeo, que tampoco tiene éxito. Comprendiendo que Almería está perdida para su causa, la expedición continua su navegación hasta Motril, donde si encuentra apoyo local y provisiones (Pero no dinero en efectivo).

MALAGA

Contreras decide mantener el plan fijado y pone rumbo a Málaga. Pero jamás llegará a su destino.

La Friedrich Carl les ha seguido desde Cartagena abiertamente, pero ha esperado a reunirse con una fuerza británica basada en Gibraltar para intervenir (No obstante, al igual que la fuerza Alemana,  tiene órdenes de no interferir en las actuaciones del Cantón) Aunque Von Werner no tenía autorización para ello y ya no está al mando de la agrupación, realiza disparos de advertencia contra las unidades cantonales, exigiendo su entrega. No va a permitir que su presa se le escape de nuevo.

Su fuerza se compone de dos fragatas blindadas, equivalentes cada una a la Vitoria, pero muy superiores a la Almansa.

Por el motivo que sea (El comandante de la fuerza alega que se entrega para evitar la pérdida irreparable de la Almansa y las enormes bajas que se producirían al estar ambos buques repletos de infantería destinada a los desembarcos) las dos unidades se rinden sin combate. Von Werner ha conseguido por fin su sueño: Capturar una Fragata blindada para su gobierno.

Y es que la Vitoria era un botín demasiado tentador. Tenía sólo 6 años de vida, había costado 8.000.000 de pesetas de la época e incluía novedades tales como el alumbrado eléctrico. Una joya irresistible para una armada en crecimiento como la de la Alemania Imperial.

Se conducen a las fragatas capturadas hasta Cartagena, donde se procede a la entrega de los prisioneros a las autoridades cantonales, pero no se devuelven los buques. Von Werner es llamado a Alemania por su gobierno, donde es sometido a un consejo de guerra y reprobado públicamente por Bismarck, que declara que su país no practica “la diplomacia de las cañoneras”. Aunque consigue salvar su carrera gracias a sus contactos con la corte , no volverá a conseguir un mando operativo.

A pesar de los intentos de los cantonales, los buques depositados en Gibraltar no son devueltos al cantón, y terminan por pasar a manos gubernamentales.

Este suceso no impedirá que los cantonales sigan enviando expediciones de “solidaridad/saqueo”, destacando la que se dirige contra Alicante. Allí la flota británica (La flota alemana ya ha abandonado la misión debido a los excesos de Werner) tratará de mediar sin éxito, terminando la operación en un duelo artillero entre las unidades cantonales y las batería alicantinas. El fracasado intento de mediación británico entre los contendientes, tolerado por el gobierno, motivará la dimisión de Martínez Campos como comandante terrestre, que se opone a toda medida que no sea la de la rendición incondicional y las ejecuciones sumarias.

Eso sí, a partir de ahora, los buques cantonales navegarán bajo el pabellón español. Por lo tanto, ya no habrá justificación para que nación alguna trate de capturar sus buques, a menos que lo haga violando su propia neutralidad y tomando parte en un conflicto civil.

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EL FRENTE TERRESTRE: CHINCHILLA

Las tropas terrestres del Cantón tampoco han permanecido inactivas. Han recorrido la región imponiendo gobiernos afines y recaudando “contribuciones”.

El 5 de Agosto se prepara una poderosa columna con 2.500 efectivos, artillería y tren de provisiones que se dirige a Hellín. Indefenso, el ayuntamiento cede los poderes, entrega sus fondos (65.000 ptas) y los cantonales no ven necesario siquiera desembarcar su artillería del ferrocarril. Ha sido una expedición relámpago con inmejorables resultados. Sin embargo, los artilleros, aprovechan la ocasión para tratar de hacerse con el tren y seguir camino a Madrid, para expandir la revolución (Otros afirman que para desertar). Las autoridades cantonales, apoyadas por la infantería del Iberia, tienen que intervenir, y el choque se salda con varios muertos entre los propios componentes de la columna. Vista la situación, se suspende el avance sobre Chinchilla, que era el objetivo final: Un nudo ferroviario de importancia, cuya ocupación dificultaría el abastecimiento del ejército que, al mando de Martínez Campos, sitia el cantón Valenciano. Y esta retirada es un desastre para los cantonales, porque en ese momento Chinchilla solo cuenta para su defensa con unos cien soldados y otros tantos voluntarios.

Un negro presagio.     

En el cantón se discuten los motivos de la retirada, y se termina decidiendo volver a intentar el ataque a Chinchilla, para evitar la caída de Valencia. Una nueva columna embarca en el ferrocarril el 9 de Agosto y llega ante Chinchilla el día 10. Entre otras fuerzas, la columna cuenta con marineros de la flota que desean lavar con sangre en tierra el deshonor sufrido en el mar. Pero lo cierto es que mientras se realiza el avance ya se conoce la caída de Valencia y que Martínez Campos se dirige en dos convoyes ferroviarios hacia Chinchilla. No obstante, prosiguen su avance.

Los cantonales llegan antes que Martínez Campos, por lo que los gubernamentales les permiten ocupar la estación de ferrocarril mientras se retiran al núcleo urbano e informan al general Salcedo de la situación. Este organiza rápidamente su estrategia. En primer lugar, ordena a una unidad de caballería de la guardia civil que se desplace rápidamente a retaguardia de los cantonalistas y destruya la vía férrea, evitando tanto su huida como la llegada de refuerzos (Los guardias cumplirán su cometido con tanta eficacia que reventarán la mitad de sus monturas para llegar con la máxima rapidez) Por otro lado, coloca al quinto tercio de la guardia civil al frente de su despliegue, dispuesto a forzar un choque de sus veteranos con los bisoños cantonales.

Ante la situación que se le presenta, caída Valencia y desprotegidos en campo abierto por no haber podido ocupar Chinchilla, Contreras ordena el reembarque y retirada de sus hombres. Este es el momento que aprovecha Salcedo para forzar un rápido avance. Gracias a su previsión,  las tropas cantonales están en su mayoría dentro de los vagones en el momento en que comienza a disparar la artillería gubernamental. Los propios mandos cantonales reconocen que se produce un pánico incontrolable, y que las tropas se baten en retirada sin atender orden alguna. De las tropas aún no embarcadas, sólo se consigue reagrupar a una cuarta parte. Los que parten en los trenes no tienen mejor suerte, ya que los guardias han cumplido su misión, y su tren descarrila. Sólo la llegada de los refuerzos de Hellín les permite no terminar de ser desbaratados ante la carga de la caballería de la guardia civil.

Al llegar al campo de batalla, la primera intención de Martinez Campos es fusilar a todos los oficiales capturados, pero recibe órdenes en contrario de Madrid. Eso sí, les niega cualquier consideración derivada de un rango que no se les reconoce. Los 350 prisioneros serán embarcados más tarde para la guerra de Cuba. La cifra de muertos jamás se ha aclarado, pero debió ser muy pequeña.

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LA CAÍDA DE MURCIA: CARTAGENA RESISTE

“Esta plaza no se entregará nunca»

Antonete Gálvez

El derrumbe del cantón de Murcia es espectacular: El 10 de Agosto los cantonales alcanzan la ciudad durante su retirada, y el 12 ya ocupan la misma las tropas de Martinez Campos. Murcia, ciudad rica y muy poblada, no tiene otra defensa que una muralla medieval en ruinas. No hay artillería y se encuentra situada en el fondo de un valle. La resistencia es imposible. Pero cuando tras cuatro días Martínez Campos alcanza la ciudad de Cartagena, se encuentra con una situación totalmente opuesta: Cartagena se presenta como una fortaleza inexpugnable.

Martinez Campos sólo tiene a su disposición menos de 2.000 hombres, frente a los 10.000 o 15.000 que se cree guardan la plaza. Si a esto añadimos las fortificaciones y cañones, asaltar la plaza, o realizar un asedio efectivo, resulta imposible. Por eso Martínez Campos se limita a trazar un perímetro de hostigamiento, que impida a los cantonales recibir refuerzos terrestres. No obstante, da a su actuación una mera significación “política” ya que al desaparecer el Cantón Murciano, Cartagena no tiene ninguna población afecta en las cercanías de la que poder recibir apoyo. Las provisiones de alimentos dentro de la plaza son racionadas y se detecta una enorme carencia de fondos. Las fuerzas de asedio son tan débiles que durante los primeros días aún logran los sitiados realizar operaciones de aprovisionamiento, saqueando las proximidades.

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