post

El Cantón Murciano: La Rebelión De Cartagena 1873-1874 (Cuarta Parte) El Final Del Cantón

El 25 de Septiembre se acepta oficialmente la dimisión de Martínez Campos, indignado por el intento de mediación con el cantón,  y el mando del asedio pasa al general Francisco Ceballos y Vargas. Tiene  3.000 hombres a su mando.

img8536u

EL ASEDIO 

Durante el mes siguiente las fuerzas gubernamentales triplican sus efectivos. Mientras, varias salidas en fuerza de los sitiados que no logran ningún éxito.

Ceballos ya dispone de los 9.000 hombres que ha reclamado para poder mantener un asedio eficaz. Y son tropas reclutadas con dificultad, puesto que no debemos olvidar que existe un gran número de partidas carlistas en la zona de Valencia y que el frente del Norte sigue abierto. Con suficientes fuerzas a su disposición, los gubernamentales comienzan la construcción de posiciones para instalar su tren de artillería. La construcción de las mismas trata de ser impedida por nuevas salidas de los cantonales, que en ningún caso logran su objetivo.

El 25 de Noviembre ya estaban listas todas las posiciones artilleras.

EL BOMBARDEO

7 baterías gubernamentales abrieron fuego a las 7 de la mañana del 26 de Noviembre.

La distancia y la naturaleza de las armas no eran ni mucho menos las más adecuadas, y además los sitiados podían responder desde los fuertes propios con un excelente fuego de contrabatería. Pero el inicio del bombardeo tenía ante todo una clara finalidad política: Demostrar la firmeza de la posición del gobierno y fomentar las disensiones en la plaza ante la evidencia del fracaso de la revolución cantonal.

El 9 de diciembre se aceptó la dimisión de Ceballos y el nombramiento del general Pasarón. De inmediato hizo detener el bombardeo (Que había comenzado con 1.000 disparos diarios para rebajarse poco a poco a algo más de 500) manteniendo sólo el fuego sobre uno de los fuertes exteriores, el de Atalaya. (Que pasará a ser conocido como “el de la muerte” precisamente por este fuego continuo)

El 10 de diciembre se nombra nuevo comandante al general José López Domínguez. A su paso por Madrid se entrevista con el ministro de la guerra y el Presidente Castelar que le autorizan a emplear los medios que crea oportunos para rendir la plaza. Y además le exigen que sea antes del 1 de Enero, puesto que la apertura de las Cortes ese día hace temer por la continuidad del gobierno, al que se acusa de debilidad ante los cantonales.

López alcanza el campamento el día 12 y hasta el 15 se dedica a estudiar las líneas de asedio y su disposición, antes de ordenar ese mismo día reanudar el bombardeo. Igualmente, comenzaron los trabajos para adelantar las baterías y mejorar su eficacia. El 17, un cabo y tres soldados del regimiento de Alcolea, se adelantaron hasta las fortificaciones de Cartagena para colgar la proclama de López ofreciendo amnistía a los soldados que desertasen (Por esta acción el cabo sería ascendido a sargento)

img8536u (1)

El bombardeo se recrudece enormemente, y a pesar de los continuos avances de la línea gubernamental y de la pérdida por accidente o sabotaje de la fragata blindada Tetuan (50.000.000 de reales perdidos para la nación), los cantonales no se rinden. Por ello, el 31 de Diciembre el Presidente de Gobierno vuelve a comunicarse directamente con López exigiéndole resultados inmediatos. La fecha límite está a punto de expirar y teme fundadamente por la continuidad de su gobierno, amenazado tanto por sus rivales en las Cortes como por un golpe de estado.

El 3 de Diciembre, como todos esperaban , se produce el golpe de Estado del General Pavía y López Domínguez y sus oficiales se ponen a sus órdenes. El ejército sitiador se compromete a tomar la plaza, mientras que dentro de Cartagena cunde el desanimo más completo. La posibilidad de la caída del gobierno y su reemplazo por uno afín ha desaparecido. Ya sólo queda esperar el recrudecimiento de las operaciones y desaparece cualquier esperanza de una solución favorable a los intereses cantonales.

Sin embargo, para mantener alta la moral, se realiza una salida el día 4, rechazada como todas las anteriores.

Cantonal 10. Cartagena

El 6 de enero se produce un desastre dentro de la ciudad: La voladura del parque de artillería. Las enormes pérdidas materiales y humanas debilitan la defensa tanto como la desmoralización que provoca.

El 9 de Enero se rinde el castillo de Atalaya, una de las principales posiciones defensivas. Los soldados gubernamentales que lo ocupan se encuentran con que todas sus piezas están fuera de servicio, que apenas quedan municiones y que los destrozos son tan evidentes y graves que impiden mantener la defensa sino es a costa de terribles bajas.  No obstante, se considera que la entrega definitiva fue un acto de traición por parte de alguno o algunos de los oficiales al mando.

Ya no queda esperanza para los sitiados.

LA RENDICIÓN

El 11 de Enero la resistencia de la plaza es ya imposible, y los cantonales comienzan los preparativos para la rendición mientras el bombardeo gubernamental no cesa. Se solicita la ayuda de los cónsules extranjeros y se envía una comisión de armisticio ante el general López. Como gesto de buena voluntad y que evidencia el clima de derrota, se arrían las banderas negras de los fuertes exteriores.

López no acepta otras condiciones que no sean la rendición incondicional, dejando claro que todos los soldados serán amnistiados de inmediato, pero sólo si se entrega la plaza antes de las doce del día siguiente, doce de Enero.

El principal escollo vino de los líderes, que se sabían excluidos de la medida de gracia, y de una llamativa unidad: La de los presos del penal de Cartagena. Al principio del asedio, unos 2.000 presidiarios recibieron la oferta de combatir a favor del Cantón a cambio de una amnistía futura. La unidad se portó con extraordinaria brillantez, pero ahora sus miembros reciben desolados la noticia de que la amnistía gubernamental solo se refiere al tiempo de la rebelión, no a sus crímenes originarios, por los que tendrán que seguir sufriendo reclusión. Un buen número trató de organizar una salida sin lograrlo. Mientras, los más comprometidos y violentos terminaron por encontrar refugio en la fragata Numancia tras amenazar con encerrarse en un polvorín y hacerlo volar.

img8536u (2)

A las 12 del día 13 de Enero de 1874 las tropas gubernamentales ocupaban la plaza de Cartagena.

La rebelión cantonal había terminado.

La reconstrucción de la ciudad tendrá que esperar a la paz completa y la restauración Alfonsina. Le costará a la ciudad casi todas sus principales defensas exteriores.

Cartagena ya sólo será una fortaleza de cara al mar.

EPÍLOGO: LA HUÍDA DE LA NUMANCIA

Mientras la ciudad se preparaba para entregarse, la flota de bloqueo estrechaba el cerco. Era conocido por todos que los elementos más significados de la rebelión se habían embarcado en la fragata blindada Numancia para tratar de alcanzar territorio extranjero. Por eso, cuando la fragata blindada abandona el puerto, toda la flota de bloqueo forma un anillo de contención para evitarlo.

El almirante gubernamental contempla como la Numancia detiene sus máquinas, y ordena por tanto a dos buques que se acerquen a recibir su rendición. Pero en ese momento el buque rebelde abre fuego y comienza de nuevo su avance a toda velocidad.

img8536u (3)

Los intentos de atraparla son inútiles, y la fragata huye a toda máquina. No es un buque cualquiera, es la Numancia, que ha dado la vuelta al mundo y que ha protagonizado el bombardeo de El Callao. Y, mucho más importante, es de lejos el buque más rápido de la armada española. El almirante envía en su búsqueda a la fragata de madera Almansa, la más veloz a su disposición. Pero el comandante de la Numancia apaga sus luces y se pierde en la oscuridad.

Alcanzará Orán, en la Argelia francesa. Pero las autoridades no aceptarán su petición de asilo.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.