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Pekín 1900: cercados en tierra hostil (Parte 1)

China. Pekín, año 1900. Una rebelión de corte tradicionalista y nacionalista se expande por todo el país. El gobierno imperial, deseoso de liberarse de la influencia extranjera, los apoya. Los insurrectos llegan a Pekín y cercan los barrios donde viven los ciudadanos extranjeros. Muchos son asesinados en las calles. Esta es la historia de una operación de rescate realizado por potencias que, pocos años después, combatirán entre ellas.

Los “Puños Rectos y Armoniosos”

China a finales del siglo XIX era una nación casi en estado de descomposición. El Imperio Qing, que gobernaba el país desde era débil, con oficiales corruptos y con un gran atraso técnico en comparación con Occidente. Era un Estado que prácticamente aún vivía en el siglo XVII. Las naciones occidentales, conscientes del atraso del gigante asiático comenzaron a demandar concesiones comerciales. En materia exterior, China había librado la desastrosa Guerra del Opio, que abrió el país a los británicos. Luego de sufrir una severa derrota militar, los chinos sufrieron el “diktat” británico: tratados comerciales no equitativos, cesión del enclave de Hong Kong al Reino Unido y demás enclaves, y el pago de compensaciones. Años después, la historia se repetiría con la nueva potencia ascendente: el Japón. En una desastrosa guerra China perdería Corea y Taiwán y repetiría las concesiones comerciales.

China sufrió una humillante derrota a manos de Japón. Nótese las diferencias de uniforme

También es un período de gran agitación interna. Luego de la derrota en la Guerra del Opio surge la rebelión de la secta mesiánica de los Taiping, que profundizó la crisis y abrió aún más la puerta a las potencias extranjeras. La Segunda Guerra del Opio y una expedición franco-británica a Pekín, no hicieron más que consolidar esta debilidad. Algunos valientes intentos de reforma quedaron en la nada, chocando con la conservadora mentalidad de la casta gobernante china. Se podría decir que China era un gigante débil y casi moribundo, que estaba siendo despedazado de a poco.

A fines de 1899 estalla una de las revueltas más importantes del período. Esta revuelta estaba dirigida por una secta secreta, el movimiento de “Los Puños Rectos y Armoniosos”, que rápidamente pasaron a ser denominados en Occidente como los bóxers. Este movimiento político-cultural era en esencia violentamente xenófobo y anti-occidental, alimentado durante años por los esos desiguales tratados firmados entre las potencias occidentales y la débil dinastía Qin.

El movimiento preconizaba la vuelta de China a sus raíces y se hizo muy popular entre los jóvenes desempleados de las provincias, que vivían en la miseria. Era una mezcla de filosofías ancestrales, supersticiones, nacionalismo y artes marciales, de allí viene el apelativo “boxers”, que los misioneros le dieron a sus miembros. El movimiento se inició en sangre, destruyendo toda influencia de los bárbaros extranjeros. Con un estilo cuasi mafioso intimidaban a los oficiales que se ponían en su camino, atacaban negocios y a personas quienes consideraban contaminados por la influencia extranjera. Las iglesias y los extranjeros, especialmente los misioneros fueron el blanco principal de los ataques. Miles de personas fueron brutalmente asesinadas, no sólo extranjeros sino chinos cristianos y occidentalizados. Las cifras más aceptadas hablan de más de 30.000 muertos, unos 200 de ellos misioneros occidentales.

Tres boxers armados con armas blancas junto a un soldado chino con fusil

El Imperio, débil y desgarrado de forma interna en vez de prohibir a este movimiento lo alentó, buscando con ello desembarazarse por fin de Occidente y sus tratados, y volver al Imperio Celeste cerrado a la influencia extranjera. En los primeros momentos los boxers tuvieron el apoyo incondicional de la Emperatriz Ci Xi, quien verdaderamente detentaba el poder de facto en China, luego del golpe anti-reformista realizado contra el Emperador Guangxu, su sobrino.

Al verse fortalecidos, los bóxers duplican la apuesta: incrementan su violencia, sus terribles ejecuciones y comienzan a controlar territorio. Con vehemencia claman: “El Imperio debe ser fortalecido. Todos los extranjeros deben ser expulsados. Toda conexión con Occidente debe ser eliminada”, y se dedican a sus excesos contando con el beneplácito del Ejército Chino, que por órdenes de la Emperatriz hace la vista gorda.

El Caos

El espiral de violencia llega a su clímax en 1900. Los bóxers tienen cada vez más adeptos y se adueñan de las provincias del interior de China. Poco a poco en las ciudades se van viendo simpatizantes de este movimiento. El gobierno chino lanza edictos que apoyan a este movimiento, el apoyo oficial deja de ser tácito. Los gobiernos occidentales con intereses en China, protestan: tienen muchos ciudadanos en inversiones en la zona costera y especialmente en la capital, Pekín.

“China despierta”, amenazando a las potencias extranjeras. Caricatura de Puck

Pero el gobierno chino hace caso omiso, nadie detiene a los boxers que se acercan a la capital. Se teme un baño de sangre. A fines de Mayo, se refuerzan las principales delegaciones extranjeras (Austria-Hungría, Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Rusia y el Reino Unido), con más de 400 soldados provenientes de los buques estacionados en el puerto de Taku, cerca de Pekín. Estos soldados reforzarán la zona de las embajadas, donde establecerán posiciones defensivas en cada una de sus embajadas. Se hace un llamado para que todos los ciudadanos occidentales se refugien allí.

Una semana después, el 5 de Junio de 1900, Pekín es aislada. Los boxers cortan todas las comunicaciones con la ciudad. Los soldados chinos se pliegan al movimiento. El día 11, el secretario de la embajada de Japón es asesinado por soldados chinos en plena calle. Las tropas chinas que cometieron este asesinato son de los Hui, o chinos islamizados. El mismo Kaiser, ante la posibilidad de una matanza, habla con el sultán turco para aplacar los ánimos de estos musulmanes.

Ese mismo día, a la tarde, los boxers se presentan ante la ciudad amurallada, la zona donde se encontraban los edificios extranjeros. Los guardias alemanes capturan y matan a un miembro del movimiento. La situación se va de las manos y lo que comienza como una discusión se transforma en una revuelta en las calles. Las iglesias son incendiadas, algunos fieles son quemados vivos. Quienes no se repliegan a la seguridad del recinto de las embajadas, son asesinados brutalmente.

El caos de China visto por los diarios occidentales

La amenaza de los boxers está desbordando la ciudad. Los extranjeros se refugian en la zona donde están las legaciones de sus países. Junto a los militares se refugian también los diplomáticos, y chinos occidentalizados. Se suma al recinto cada familia de los ocupantes. Están cercados. Deben resistir. Si los bóxers entran será una muerte horrible para todos, incluidos mujeres y niños. La Emperatriz informa a los occidentales que deben marcharse, pero salir de la ciudad sería suicida. Así los ciudadanos occidentales, y soldados de se refugian en las embajadas. Deben resistir, sino les espera la muerte.

Los bóxers estaban armados de la forma más variopinta, con algunos fusiles viejos, mayormente Rolling Block pero también viejas armas de percusión. Pero lo que predominaba en estas tropas eran las armas blancas, especialmente lanzas y espadas. Los soldados regulares chinos Qing eran sin embargo una fuerza en proceso de mejora. Las severas derrotas a mano de los japoneses en 1894-95 provocaron una reforma para modernizar al Ejército.

En apariencia este Nuevo Ejército, como era denominado, aún seguía siendo una fuerza heterogénea. La vestimenta y equipo tenía reminiscencias con la vestimenta china tradicional, pero algunas unidades como la División del Frente de la Guardia (denominado el “Ejército Tenaz”) estaba armado con modernos fusiles Hanyang 88, que era una copia del fusil alemán Mauser 1888 Kommission, un arma moderna para la época, y algunas piezas Krupp de Artillería. Algunas tropas habían sido entrenadas por instructores alemanes. Esta fuerza moderna estaba al mando del noble manchú Ronglu, que era una de las más prominentes figura en la cúpula imperial.

Diferentes tipos de tropas chinas, a la derecha los soldados regulares y a la izquierda boxers

Un punto relevante es el espíritu de cuerpo y voluntad de lucha de los boxers. Al iniciarse en el movimiento, cada nuevo recluta a entrar en los bóxers tenía que pasar por un rito de iniciación en que aprendía una serie de “hechizos”. Luego que pasaba la etapa de estar “bajo el hechizo” el integrante de los bóxer se consideraba como inmune a las balas. Esto se demostraba realizando disparos a los recién iniciados bajo la atenta mirada de los aspirantes a entrar en el movimiento. Lo que nadie sabía era que en realidad las balas disparadas eran de salva.

En el Ejército chino la calidad de las tropas era variada por un se encontraba lado la fuerza modernizada, centrada en Pekín, que consistía en algunas unidades de chinos musulmanes y de banderas manchúes. Estas tropas estaban muy motivadas y poseían una buena capacidad combativa. El resto de la fuerza china era de calidad dudosa.

Por otro lado, las fuerzas que se enfrentaron a los bóxers eran de la llamada “Alianza de las Ocho Naciones” y provenían de Austria-Hungría, Alemania, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Rusia y el Reino Unido. Nadie imaginaría que apenas 14 años después estarían combatiendo entre ellas en Europa. Estas fuerzas estaban en la zona de las embajadas para impedir que sean desbordadas por las tropas bóxers y evitar una masacre de civiles. Se improvisó un perímetro defensivo en torno a ellas, con barricadas y fortificaciones en los edificios. Por suerte para los defensores se pueden acumular raciones y municiones, pero hay que racionar. Se elige al británico Sir Claude MacDonald para comandar la defensa. Además de esto, 43 marinos italianos y franceses protegen a 3.000 chinos católicos en la catedral de Peitang, que también es rodeada.

Soldados de la Alianza de las ocho naciones

Cabe mencionar que dentro de la improvisada fortificación estaba la embajada española. España no puede aportar hombres, pero tendrá una relevante función diplomática en los acontecimientos por venir. La fuerza se compone de:

1) Protección de Embajadas (incluidos agregados militares y visitantes) – 416 hombres

  • Gran Bretaña: 85 hombres
  • Rusia: 82 hombres
  • Estados Unidos: 56 hombres
  • Alemania: 53 hombres
  • Francia: 48 hombres
  • Austria-Hungría: 35 hombres
  • Italia: 29 hombres
  • Japón: 28 hombres

2) Protección de la Catedral de Pekín y 3000 chinos refugiados – 43 hombres.

  • Francia: 31 hombres
  • Italia: 12 hombres

A esto se le sumaba una fuerza de unos 125 civiles que se ofrecieron como voluntarios con diversos tipos de armamento.

Tropas occidentales con un pequeño cañón, en las embajadas

Como elementos de apoyo esta fuerza contaba con un cañón Maxim Nordenfelt QF de 1 libra “Pom Pom” (37mm) del contingente italiano con 150 municiones, una Nordenfelt británica y unas pocas ametralladoras Maxim (británicas y austríacas). Seguramente este sea armamento naval de partidas de desembarco, que llevaron las tropas antes de reforzar la zona. Pero también se contaba con “Betsy”, que era un cañón improvisado que se armó con diferentes piezas que aparecieron: un viejo cañón británico encontrado en una tienda de antigüedades, al que los italianos le colocaron una cureña. Los rusos tenían viejas municiones que pusieron a disposición. A este viejo cañón se le asignan unos improvisados artilleros estadounidenses.

El Agravamiento

Mientras en las embajadas se trabaja en armar lo más rápido posible una posición defensiva sólida, las autoridades chinas debaten. Hay dos bandos, pero al final gana el de la Emperatriz. Los boxers cuentan con apoyo oficial. Mientras esto pasa, se mina el río Hai, que pasa por Pekín, y a su vez se realizan movimientos de las Armadas de las ocho naciones que muestran su fuerza sobre los fuertes de Taku, a 200 kilómetros de Pekín.

Pekín queda bloqueda, nada entra nada sale

El 19 de Junio, luego de varios ataques mortales en plena calle, la Emperatriz viuda CiXi avisa a las legaciones occidentales que China no garantiza la protección de sus súbditos.

El dia 20, sucede hecho clave. Por la mañana el embajador alemán sale del recinto defensivo de las embajadas para hablar con el Ministro chino de Relaciones Exteriores. Nunca llegará a destino: pero es asesinado en plena calle por un oficial manchú de uno de los Cuerpos de Ejército de China, quizá en venganza por su conducta arrogante y por haber asesinado a un muchacho bóxer unos días antes.

Los defensores de la Catedral de Peitang

Con esta acción unos 40.000 soldados chinos y bóxers tienen el control en Pekín, el sitio comienza. Todo aquel occidental o simpatizante de Occidente que es encontrado en la calle es ejecutado. Hay una especial brutalidad con los religiosos, especialmente en iglesias que quedan aisladas y no pueden defenderse. Dentro de los atacantes se destacaron los Valiente de Kansu, una fuerza compuesta por 10.000 soldados musulmanes que demostraron ser una fuerza de temer. Mientras, en las embajadas, quienes pudieron escapar se convierten en asediados, resistiendo los embates chinos.

El mapa de las defensas, algunas embajadas han sido abandonadas

Ante la falta de planes de ataque de los chinos tienen la ventaja de estar bien atrincherados y tener armamento moderno…pero las municiones y los víveres no duran para siempre. Todo hombre que puede empuñar un arma se suma a la defensa. El resto realiza tareas auxiliares: municionadores, logísticos, médicos, etc. Las mujeres también se suman a la defensa y colaboran en el cuidado de los heridos y otros aspectos. Los gobiernos de sus respectivos países no los dejan solos, envían fuerzas para romper el sitio y rescatarlos.

Intentos de relevo

Se encarga al Vice Almirante Sir Edward Hobart Seymour realizar una partida de relevo hacia Pekín. Este oficial cuenta con unos 2157 hombres (916 británicos, 540 alemanes, 312 rusos, 158 franceses, 112 estadounidenses, 54 japoneses, 40 italianos, 25 austrohúngaros). Esta expedición sale en una fecha tan temprana como el 10 de Junio desde Tientsin, a 60 km de Pekín, en cinco trenes completos. Seymour pensaba que entraría en Pekín sin oposición, por lo que sus tropas llevaron municiones y provisiones para pocos días.

Los boxers habían destruido las vías férreas hacia Pekín, lo que enlentece el avance de esta expedición, pues los trenes debían detenerse cada cierto tiempo para reparar las vías. En cada parada las tropas internacionales eran hostigadas por gran cantidad de tropas chinas. En uno de los combates unos soldados italianos quedaron aislados del grupo, luego del socorro por parte del resto de las tropas internacionales se contabilizan los cinco soldados italianos muertos por contra más de cien bóxers: el resultado de atacar en oleadas, armados con espadas, contra soldados equipados con armas modernas.

La ruta de la Expedición Seymour

El 18 de Junio la columna había avanzado un poco más de 100 kilómetros, cuando es emboscada por unos cinco mil chinos en Langfang (tres mil soldados musulmanes Kansu y dos mil boxers). La columna puede repeler el ataque, con un costo de siete muertos y 57 heridos. Los chinos pierden cientos de hombres, especialmente boxers. Estos atacaban a la columna tan drogados que, según palabras de oficiales estadounidenses, se necesitaban múltiples tiros para tener que detenerlos. Seymour había subestimado a sus oponentes, y con la preocupación de saber que las tropas regulares chinas se habían plegado a la rebelión, y el miedo a quedarse aislados sin municiones frente a nuevos ataques, lo hizo dar vuelta atrás y retirar a la fuerza de relevo de vuelta hacia Tientsin.

Boxers atacan al relevo, la resistencia china es inesperada, Pekin queda sola

El camino de vuelta fue tortuoso, y se hizo por el río Hai. Finalmente con un total de 62 muertos y 232 heridos, la expedición llega a Tientsin. Salvo los estadounidenses que habían llevado mayor cantidad de munición, el resto se quedó prácticamente sin balas: algunos soldados tenían menos de 10 cartuchos en su cinto. La expedición de relevo de Seymour fue considerada un fracaso y lo peor es que ahora las tropas acantonadas en Tientsin temían ser desbordadas por los chinos.

La suerte de los refugiados en las embajadas pendía de un hilo.

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