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Garibaldi y la Expedición de los Mil. (Parte 1)

La Expedición de los Mil (I Mille) fue un movimiento al mando de Giuseppe Garibaldi para incorporar toda la parte Sur de la penínunsla al Reino de Cerdeña-Piamonte, y así unificar a Italia.

Esta fuerza de voluntarios, muy bien comandada y motivada tuvo un resultado extraordinario en vista del enemigo a que se enfrentaban. En esta primera parte se tratarán los antecedentes, preparativos y primeras acciones de esta expedición.

Prologo.

“…Qui si fa l’Italia o si muore!” Giuseppe Garibaldi

En 1860, tres Estados puramente italianos comparten la península: el Reino de Piamonte-Cerdeña al Norte, los Estados Pontificios al Centro, y el Reino de las Dos Sicilias al Sur. El primero de ellos, bajo el reinado de Víctor Manuel II y el Primer Ministro Cavour, era una monarquía consitucional de corte liberal, y estaba abocado íntegramente a aumentar su territorio en el Norte y centro de Italia. Luego de fracasar diez años antes los piamonteses toman en 1859 la Lombardía con ayuda francesa a cambio de los territorios de Niza y Saboya.

Es durante esta primera y segunda guerra que el nombre de Garibaldi comienza a ser reconocido en toda Italia, como un gran comandante. Meses después, en Marzo de 1860 los Estados del centro de Italia (Ducado de Parma, Ducado de Modena, el Gran Ducado de Toscana y parte de las Legaciones Papales) se incorporaron a Piamonte-Cerdeña. El Reino de Piamonte-Cerdeña tenía un fuerte apoyo diplomático de Inglaterra.

Garibaldi en 1860. Aún con el uniforme piamontés. Litografía.

Los Estados Papales, con el Papa Pio IX, perdieron dos tercios de su territorio, reducidos ahora a la zona del Lazio. Con una constante amenaza por parte de los piamonteses, reforzaron sus fuerzas con una importante cantidad de extranjeros. Estos jóvenes europeos y católicos, deseaban defender el territorio del Papa, quien contaba además con una fuerza de apoyo francesa de varios miles de hombres. El Papa diplomáticamente no estaba sólo, pues el Emperador francés Napoleón III garantizaba la independencia papal, además de contar con el apoyo de Austria.

En cuanto al Reino de las Dos Sicilias, era aún un Estado fuerte para los estándares italianos. Era una monarquía de carácter más autoritario, anti-liberal. Su rey, el recientemente coronado Francisco II, era inexperto e influenciado por la nobleza reaccionaria y el alto clero. La economía del reino era muy dependiente de las exportaciones de sulfuro. Este era un elemento vital en la fabricación de pólvora y en los ingenios industriales a vapor de la época.

El Ejército, de dimensiones importantes estaba en proceso de modernización. Sus mandos no eran de oficiales experimentados, sino que pertenecían a la nobleza. Se asignaban cargos por favores políticos a mandos sin experiencia. El propio desempeño de las fuerzas napolitanas en la campaña de romana 1849 lo confirmaba.

Ejército de las Dos Sicilias en vísperas de la invasión

Aun así era una fuerza que en los papeles todavía imponía respeto. Por un lado tenía el apoyo militar y moral de los Estados Pontificios (lo que suponía el apoyo de toda la cristiandad). Por otro lado, podía poner en orden de combate más de 90.000 hombres, lo que lo transformaba en el Ejército más grande de Italia.

La Marina napolitana era pequeña, pero estaba bien equipada, con once fragatas modernas, cinco corvetas y seis bergantines a vapor.

Diplomáticamente había tenido un problema con Gran Bretaña sobre la explotación de sulfuro, acercándose tímidamente a Rusia, que buscaba tener una mayor presencia en el Mediterráneo.

La situación napolitana

La situación entre Víctor Manuel II y Cavour, por un lado, y Garibaldi, por otro era tensa. El héroe italiano no aceptaba la entrega de esos territorios a los franceses porque los consideraba parte de Italia. Es así que entonces pensó en acelerar su plan de expedición al Sur al mando de una fuerza de voluntarios. El proyecto era ambicioso y riesgoso, pues los voluntarios de Garibaldi se enfrentarían a unas fuerzas profesionales y numerosas, con una importante Armada de Guerra. A pesar de esto, se contaba con un apoyo tácito de Inglaterra y de algunos sectores del gobierno italiano.

El casus belli de la intervención llegaría por el ambiente interno imperante en el Sur. En antecesor de Francisco, el rey Fernando II tuvo que hacer frente a varias revueltas liberales, tanto en Nápoles como en Sicilia. Todas eran apoyadas discretamente por el movimiento “Joven Italia” de Giuseppe Mazzini. Estas revueltas fueron aplastadas de forma sangrienta, lo que le valió el mote a Fernando de “el Rey Bomba”.

Fernando II muere en 1859 y los disturbios continúan en todo el Sur. El sucedor de Fernando, Francisco II es un monarca menos decidido. El rey sabe que tiene que realizar cambios, pero por tradición se niega a implementarlos. Incluso se niega a cualquier cooperación con Piamonte, para no debilitar a los Estados Pontificios. Eso hace que sus mejores ministros renuncien, y se vaya quedando solo.

Francisco II de las Dos Sicilias

En Junio de 1860 se inicia otra revuelta en el reino napolitano, esta vez con el amotinamiento de la Guardia Suiza, la mejor unidad napolitana. El motín es sofocado violentamente. Acto seguido se suceden diversos levantamientos en Sicilia. Francisco aún no se niega a promulgar una Constitución (lo hará finalmente cuando todo esté perdido). 

Surge entonces la justificación para intervenir en el Sur, y Garibaldi, con anuencia de Piamonte se pone a trabajar para preparar una intervención.

Se prepara la Expedición

El plan era simple, se iban a reclutar voluntarios y se llevarían por mar hasta una zona de desembarco segura en la isla. Nino Bixio su lugarteniente, como marino y comerciante que era, conseguiría los barcos, y Garibaldi se ocuparía del reclutamiento.

Se pudo contar con poco más de mil hombres de diversos órdenes sociales: estudiantes y maestros; aventureros y patriotas; nobles y plebeyos, italianos y extranjeros. La única tropa de élite que se le permitió mantener fue la de unos pocos de sus Carabinieri genoveses. El resto debería ser entrenado y armado.

Se consiguió algún armamento de los stocks piamonteses: viejos rifles Brown Bess, pistolas, sables y un par de cañones ligeros. En el interín, Garibaldi hacía colectas para conseguir armamento adecuado. Se pudieron conseguir algunos rifles de percusión Enfield 1853 desde el Reino Unido, junto a armamento de sistema Minié. Desde EE.UU., Samuel Colt le envió personalmente a Garibaldi un centenar de sus innovadores revólveres. Estas dos armas eran de lo más moderno que había en su momento.

Revolver Colt, como los proporcionados a Garibaldi

Garibaldi no dudó de cómo sería el uniforme: se utilizará nuevamente la casaca roja, la misma de Montevideo, la misma de la Legión. Se mandaron hacer casacas rojas suficientes para todos los expedicionarios. Esta vez no una blusa de trabajo como era la casaca de la Legión Italiana de Montevideo, sino una casaca militar. Y para la Caballería dolmanes rojos. La bandera esta vez sería la tricolor, que ondearía siempre con la vieja bandera del Vesubio en erupción, también la misma de Montevideo.

Así se formó el cuerpo expedicionario de los “Mil Garibaldinos”, con sus clásicas casacas rojas que harían historia. El 5 de Mayo los Mil embarcarían en dos buques de bandera piamontesa en el puerto de  Quarto, cerca de Génova. Al grito de “¡Unidad y Victor Manuel!”, la misión para unir el Sur a Italia había comenzado.

El Desembarco y los Primeros Fuegos

Garibaldi inicialmente pretendía desembarcar directamente en Palermo, pero su Estado Mayor sugirió no realizarlo allí. La insurrección estaba siendo derrotada, y se encontraba el grueso de las tropas napolitanas. En vez de esto se decidió desembarcar en Marsala, en el extremo suroeste de la isla, un lugar donde esperarían menor resistencia. En el camino se le unieron dos buques británicos que actuarían como “observadores”. Los buques napolitanos que patrullaban la zona, misteriosamente se dirigieron a otro puerto, dejando libre el camino.

Mucho se ha hablado de esta acción, por un lado se argumenta que los oficiales navales piamonteses estaban complotando contra el rey Francisco II y secretamente apoyaban la expedición y la insurrección. La reciente insurrección de la Guardia Suiza apoyaría esta tesis. Pero por otro lado, la presencia de los buques británicos significaría una disuasión importante para los napolitanos. Si se atacaba el convoy se arriesgaban a entrar en guerra con el Reino Unido.

Fragata Partenope de la Marina Real de las Dos Sicilias, 1860

Durante el desembarco se presentó un buque napolitano, el Stromboli y más tarde la Partenope. Cuando los buques británicos se retiraron, los napolitanos pudieron bombardear, pero para ese entonces todos los Mil habían desembarcado. Sólo pudieron capturar los buques piamonteses, que luego serían reclamados diplomáticamente. Luego del desembarco, Garibaldi comenzó a mover sus hombres hacia el Norte, donde se le sumaron algunos guerrilleros sicilianos. Allí habló con las autoridades regionales, que luego de sesionar declararon nulo el vínculo con los borbones napolitanos. De esta forma se plegaban a Victor Manuel II y nombrando a Garibaldi dictador de Sicilia. Con este marco legal que le daba autoridad, Garibaldi hizo un llamado a que se unan a la lucha a sicilianos y napolitanos. En el comunicado los llamó de “compañeros italianos”. Acto seguido, decretó una batería de medidas, entre ellas la abolición de algunos impuestos.

El Desembarco

Mientras tanto, el gobernador de Sicilia enterado del desembarco decidió actuar. Se envió una columna de 3.000 hombres a la zona, que recién llegaron al puebo de Calafatimi el 15 de Mayo. Esta tropa estaba al mando del anciano Brigadier General Francisco Landi, quien comprendió que ese era el punto estratégico donde debían pasar las tropas garibaldinas antes de llegar a Palermo. Landi ocupó el pueblo, lo fortificó y lo utilizó como su puesto de comando, enviando patrullas a reconocer el movimiento de los garibaldinos. Fue una de estas patrullas, de 600 hombres, liderada por el Teniente Coronel Sforza, la que se encontraría con la vanguardia de las tropas de Garibaldi acercándose a Calafatimi.

Los garibaldinos habían avanzado toda la noche y estaban en control de las alturas cercanas. Desde allí Garibaldi pudo detectar los movimientos de la columna de Sforza, antes de que los napolitanos pudieran percatarse de la presencia del enemigo. Al tomar contacto con los garibaldinos Sforza ignoró las órdenes de no entablar combate y volver a reportar novedades. Consideraba que la fuerza que tenía enfrente no era más que una banda de aventureros sin ninguna cohesión militar. Así, tratando de impresionar a los garibaldinos inició una serie de maniobras para entrar en posiciones de combate y ahuyentarlos.

Batalla de Calafatimi

Las tropas napolitanas comenzaron el fuego, el cual fue respondido prontamente por los carabineros genoveses. Mientras tanto, algunas Compañías bajaban para empujar a los napolitanos atrás. Garibaldi estaba preocupado por su falta de apoyo artillero, pues este había quedado atrás. En seguida el enfrentamiento deriva a una gran batalla campal entre las montañas. Los napolitanos piden refuerzos a Landi, que envía prontamente más hombres de Infantería y un escuadrón de Caballería. Con la llegada de los nuevos refuerzos, los napolitanos brevemente retoman el control de la situación.

Ante la superioridad numérica enemiga, algunos de los oficiales de Garibaldi aconsejan que fuera prudente retirarse. Pero Garibaldi, les responde con un “”¡Aquí se hace Italia o se muere!”, y hace avanzar a sus hombres, justo en el momento que la Artillería garibaldina se hace presente. La precisión de la misma, sumada al empuje de la Infantería, hacen bajar la moral de las tropas napolitanas. Uno a uno, los napolitanos van tirando sus armas y se retiran de forma desordenada. Los garibaldinos son dueños del campo, y sólo queda un último reducto napolitano en una de las colinas cercanas.

Batalla de Calafatimi

Garibaldi se da cuenta que los cazadores napolitanos comienzan a lanzar piedras en lugar de disparar, se están quedando sin municiones. Seguro de la victoria, ordena una carga de sus infantes, que llega hasta las posiciones enemigas y las toma a base de una cruenta lucha de sable y bayoneta. La posición es capturada, y la retirada napolitana fue completa.

Los garibaldini exhaustos no persiguieron a los enemigos por mucho tiempo. El día ya estaba ganado con una importante victoria, que aunque con cierto costo en vidas humanas, fue la prueba de fuego de los Mil, y por lo tanto una victoria moral de los garibaldinos. Los napolitanos estaban moralmente destrozados, Landi envió un correo a las autoridades pidiendo más refuerzos. Este mensaje nunca llegó, porque fue interceptado por fuerzas garibaldinas. Temiéndose cercado, Landi abandonó la posición y se retiró a Palermo, dejando el camino libre a Garibaldi. Mientras tanto en la ciudad, al llegar la noticia de la victoria garibaldina comenzaba nuevamente una insurrección.

Próximo Capítulo: Palermo y la Conquista de Sicilia

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